Año: 2024
Escrito por: Alejandra Mizrahi
Ocasión/lugar de publicación: Residencia de Alina Bardavid y Javier Díaz en Dicha, Tucumán
Alina y Javier habitaron la sala roja de Dicha durante una semana. A modo de residencia compartieron largas jornadas de trabajo apretados por un cronograma que implicaba distintas actividades previamente organizadas. La primera parte de la estadía consistía en reuniones con diversas personas que proveían el material que sería, días subsecuentes, digitalmente manipulado. Los relatos de los sueños, objetos significativos y los cuerpos vestidos en diversas posturas, son los protagonistas del guión desplegado en la pantalla. Habituados a trabajar juntos pero a la distancia, Dicha los aloja en este encuentro para sumar a sus procesos creativos virtuales una nueva interfaz desde la cuál pensar y trabajar más allá de la expertise tecnológica, y sin la tentación de maravillarse con ella.
En la pantalla un mundo paralelo, diorama digital en el que escenas soñadas por sus soñadorxs se superponen, cambian de proporción, se animan, distorsionan, derriten, dislocan, crecen y decrecen en un escenario que no cambia: la sala misma en la que estamos ahora paradxs. El espacio espejado se ha transformado en el escenario, en el lugar para la interacción de las fases. La sala dentro de la sala… la sala que sueña la sala. Una región material, zona de frontera, donde se tejen escenas imaginarias a partir del amasijo compuesto por la realidad tangible, virtual y el mundo onírico.
Así como G.Stern interpretaba a través de fotomontajes los sueños que le contaban las lectoras de la revista Idilio, Alina y Javier interpretan los de sus personajes, mezclando y mixturando los relatos en pos de tentar la posibilidad de soñar un sueño común.“El psicoanálisis te ayudará” se llamaba la sección de la revista en la que se publicaban aquellos fotomontajes, una técnica testigo de la época, allá por los años ´50 del siglo pasado. Así hoy el instrumental digital con sus programas, prompt, blenders, chat gpt, cromas, etc, constituyen herramientas del hoy, que posibilitan, a la vez que ponen en crisis la construcción de la realidad testificando una época, los años ´20 del siglo veintiuno.
Esta interfaz de interfaces es un territorio híbrido, que aún será modificado por el encuentro de los cuerpos, que como salidos de la pantalla van a habitar nuevamente el espacio y a verse reflejados, vinculados, alterados, transformados, modificados por golpes de clicks ejecutados por las yemas de los dedos de A y J. Este reencuentro provocará un acontecimiento, un happening en el que se anima la interfaz onírica, con el entorno tangible en correspondencia con el digital. Soñar que soñamos.